jueves, 29 de enero de 2009

Obamamanía

Barack Obama es la persona más famosa del mundo. No hay nadie más conocido que Obama en el planeta. Ni siquiera el Papa o Madonna. Un millón ochocientos mil personas estuvieron en Washington para la toma de posesión con temperaturas por debajo del punto de congelación, y eso no lo consigue cualquiera.

No todos los días un afroamericano de 47 años llega a la Casa Blanca. Aunque Obama lo dejó claro en su discuro: no quiere que lo definan por su color de piel, más bien, plantea que sea definido por sus ideas, su inteligencia, su creatividad y perseverancia… creo que estamos bien, esta es una época post-racial en la que todos, como Obama, somos mezcla. Él es africano por su padre, asiático por haber crecido en Indonesia y anglosajón por su madre blanca de Kansas. O sea, "afroasiamericano". Obama ha hecho cool el mestizaje.

Obama es, también, el primer estadounidense que gana la presidencia con la ayuda de la internet –más de dos millones de usuarios de la web contribuyeron a su campaña política- y es también el primer mandatario norteamericano que textea, chatea y envía emails. Sí, suena exagerado... pues no lo es!

Obama, como a casi todos los miembros de su generación, le gusta romper los esquemas, y le ganó la primera pelea a los agentes del Servicio Secreto y a sus abogados. Yendo en contra de sus recomendaciones, se quedó con su teléfono celular. Es un Blackberry que le permitirá mantenerse conectado con su familia, con un reducido grupo de amigos y con algunos de sus principales colaboradores.

Este pequeño detalle es un enorme triunfo. El principal problema de la Casa Blanca es que aísla a sus ocupantes de la realidad. Bill Clinton creía que podía tener sexo oral con una interna sin que nadie se enterara !!! Parece que se equivocó. George W. Bush creía que podía empezar una guerra sin razones válidas. También se equivocó. Esperemos que su Blackberry, su familia y sus amigos mantengan a Obama con los pies en la tierra.

Obama empezó a crear esperanza. Por ahora, ha cumplido varias de sus promesas de campaña en los primeros días de su presidencia. Prohibió la tortura a prisioneros de Estados Unidos. También ordenó el cierre de Gantánamos. Ya permitió la experimentación con células madres para los que sufren de parálisis. Quiere más transparencia en todo lo que haga el gobierno. Nada escondido. Todo en la internet.

La gente está contenta con él. El 53 por ciento de los norteamericanos se siente más optimistas por la toma de posesión de Obama, según una encuesta de AP. Y el 67 por ciento de los encuestados por la BBC en 17 países cree que Obama va a mejorar las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo. Bush, por su lado, deja su presidencia con sólo 22 de cada 100 norteamericanos creyendo que había hecho bien su trabajo, según un sondeo de la cadena CBS.

Barack Obama, en sus primeros días en la presidencia, es un hombre con prisa, aunque acá el tema no es la rapidez y seguridad, sino que tome las decisiones correctas.

Barack tiene el trabajo más difícil del mundo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Planetarium

Les comparto el más reciente performance colectivo de Jorge Restrepo, con arte-sonido de Walter Suazo.

Increíble. En esta ocasión, Restrepo plantea a jóvenes universitarios la necesidad de asumir responsabilidad con una sociedad, una ciudad, un país, una región... da igual, es un tema de afrontar compromiso y asimilar responsabilidades sociales.

¿Qué habrá pensado Atlas, el ser mitológico a quien se le jugó la mala broma de tener que soportar sobre sus hombros el peso de la Tierra? Ninguno de nosotros siente responsabilidad alguna por la rotación del planeta sobre su eje, ni sentimos que ejercemos influencia sobre su trayecto alrededor del Sol.

En un ambiente de rigor académico, ¿qué podría estar buscando un profesor de Recursos Humanos al sacar a un auditorio de alumnos de sus rutinas y sus uniformes, para mantener en el aire un montón de bolitas negras de plástico?

“Planetario” pone en manos de cada alumno de un grupo de estudiantes de la Universidad Zamorano tres de estas bolitas. Durante una semana los alumnos se familiarizan con su peso, su forma y se vuelven diestros en mantenerlas en el aire lanzándolas y atrapándolas una y otra vez. Al cabo de la semana la obra culmina en el salón de clase en el cual, durante los cuatro minutos de sonido compuesto especialmente para esta obra por Suazo, los alumnos ataviados de negro mantienen en órbita sus esferas, recreando así un complejo sistema planetario donde cada quien encarna durante unos momentos al mítico Atlas.

Las obras de Restrepo tienen la costumbre de alterar el orden de las cosas. No son sólo simples pinturas que podemos observar desde una distancia segura de aquí a la pared. Son obras que lo dejan a uno preguntándose dónde yace la línea entre la obra y el público si es que tal límite existe… El partícipe, con todas sus emociones, gestos y muecas es absorbido por el agujero negro del happening y se ve a sí mismo disuelto, despojado de sus preocupaciones encarnado en la experiencia del arte colectivo donde el público y la obra se vuelven uno solo.

Desde el punto de vista del documentador (cuestionablemente el único en posición de espectador) veo claramente cómo el esfuerzo individual de cada alumno en mantener su bola a flote se va tejiendo en una coreografía de caos ordenado y se integra a las pulsaciones de la composición de Suazo que emana el latir sincopado del corazón de este miniverso.

Se sabe que en el arte conceptual lo que prima es la idea, y la ejecución en este caso particularmente efímera sirve de fugaz vehículo para el concepto. El maestro Restrepo haciendo doble papel de profesor y artista, se vale de esta herramienta subutilizada y comúnmente reservada para una pequeña (y en el caso de Honduras diminuta) élite intelectual, para enseñar a sus alumnos. Uno aprende conceptos, los memoriza, de vez en cuando hasta los aplica, pero este tipo de experiencia conduce a una interiorización completa de la idea, de manera que ésta se vuelve parte de uno como lo son sus huesos y la piel. ¿Pero qué idea estamos encarnando aquí? ¿Y con qué fin?

Los seres humanos hemos caminado irresponsablemente y sin conciencia sobre la faz de la Tierra. Estamos cambiando el planeta al extremo de volverlo inhóspito hasta para nosotros mismos.

El documento fotográfico hace constar la esperanza, la expectativa y el asombro con que el alumno suelta la bola y la sigue con su mirada a lo largo de su órbita, esperando que vuelva a sus manos, para volverla a lanzar. A pesar del cansancio, el dolor de cuello, la monotonía, las fallas en puntería, en ese momento la responsabilidad y preocupación por el destino de esa bola las vive en carne y hueso cada uno.

El alumno termina rendido, expresando un renovado respeto por la naturaleza y el universo, y con palabras que todos conocemos, pero con un brillo en los ojos que indica un profundo entendimiento de esta idea ancestral, dice, "en las manos de los jóvenes está el destino del planeta."

Jorge Antonio Espinosa, documentación

viernes, 10 de octubre de 2008

Nullius in verba. Hablemos de arte

Nullius in verba es el lema de la Sociedad de Ciencias Británica que significa "en palabras de nadie". Esta frase ayuda mucho a tratar de explicar la lucha del arte entre lo objetivo y lo subjetivo. Quisiera compartirles mis comentarios al respecto:

Estudiar las bellas artes es un tema complejo, lleno de vericuetos y andariveles. Nada fácil aunque a simple vista lo pareciera.

Cuando se habla de algo subjetivo estamos aludiendo a apreciaciones personales, lo que no significa que no estemos considerando los atributos y la naturaleza del objeto en sí. La atracción de una obra aumenta en la medida de la descripción particular de sus atributos. Si a una persona le gusta el rojo antes que el azul o si prefiere esa marca antes que aquella otra, está bien. Nada de esto contradice el significado y las propiedades que definen los objetos; sin embargo, cuando se trata de pronunciarse sobre la belleza de una obra de arte, estamos refiriéndonos a una cualidad de la cosa - que captamos de modo diferente - tratando de descubrir y describir del modo más ajustado aquello que tenemos delante de nuestra vista.

El arte no es todo aquello que la gente estima. La existencia de los destacados críticos de arte se justifica en la razón de que sus juicios permiten diferenciar el conocimiento de la ignorancia en materia artística; sin embargo, esto no implica que para hacer arte hay que ir a la Academia. Para hacer arte hay que ser artista y esto requiere romper con lo convencional y crear nuevos paradigmas. Ir a la Acamedia indiscutiblemente servirá para entender las técnicas, proporciones, profundidad, manejo de luz y demás características que un obra posee, pero se puede complicar cuando nos ajustamos a lo aprendido allí y terminamos siendo buenos copistas. Aquí radica el problema en dictaminar qué es y qué no es arte.

El arte no radica en cualquier cosa en cualquier sentido. Las valoraciones subjetivas en cuanto a los gustos y preferencias deben distinguirse de la objetividad del objeto sujeto a juicio. Es por esto que, como lo menciona Paul Johnson en su artículo Art: A New History, el arte abstracto se ubica más en el plano de la decoración en su percepción subjetiva, pero sigue siendo arte en el rigor objetivo.

En todo caso, en una obra, los elementos subjetivos requerirán menor tiempo de análisis por tratarse de particularidades de opinión, mientras que la determinación de las características objetivas deberán esperar que transcurra el suficiente tiempo mientras se recaba la mayor cantidad de opiniones (que estimamos competentes) para poder concluir según nuestros conocimientos. En esta línea, los artistas dependemos de la subjetvidad de los opinantes y la objetividad de los críticos.

Lo mismo ocurre en la ciencia. Al principio, una idea aparecerá como estrafalaria, pero luego de la demostración de su veracidad (planteada de manera hipotética por el investigador) y los respectivos debates en materia, se comprobará, de ser el caso, que es un avance científico. Esto sugiere que en el momento en que aparece la nueva idea, no resulta posible juzgarla con la debida objetividad (léase ponderación, detenimiento y perspectiva).

No olvidemos que cuando hablamos de arte, nos estamos refiriendo a lo realizado por el ser humano y por tanto, será revisado desde la óptica objetiva y subjetiva. Así como podríamos afirmar subjetivamente la belleza de una playa, de una puesta de sol, de la esbeltez de los caballos o de una noche estrellada; en el caso de las bellas artes, lo que se trata de juzgar son las propiedades, atributos y las técnicas (no constantes) que posee la obra, independientemente del gusto personal de quien la observa. Lo que se busca es objetividad.

Se pretende que la objetividad tenga la menor variación posible, mientras que la subjetividad nos permite identificarnos como únicos.